Mùsica de Color

Niños del Cerro – Nonato Coo

por Melissa Peraza Comenta

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La decisión de titular Nonato Coo al primer larga duración de Niños del Cerro es estratégica. Así se llama una calle de Puente Alto que también limita con La Florida, comunas donde hacen vida sus integrantes y que da cuenta de sus orígenes.

Si las producciones de alta factura resaltaron en el “Nuevo paraíso del pop” descrito por el diario El País en 2011, esta banda apunta a otra dirección: el pop orgánico, de guitarras. Sus carencias en aspectos técnicos, las compensan con un puñado de buenas canciones y letras que registran la cotidianidad sin caer en lugares comunes.

Las composiciones de Simón Campusano, vocalista y guitarrista de la agrupación, son tan honestas que resulta fácil identificarse con ellas. En el corte inaugural relata el traslado en bicicleta desde el paradero 26 hasta la casa de su polola, con una base rítmica latinoamericana emparentada con Taller Dejao y Protistas.

Todos los temas del álbum están construidos desde la guitarra y tienen una fuerte presencia de texturas y arreglos melódicos con el propósito de crear ambientes excepcionales, como ocurre en ‘La pajarería’.

La segunda mitad del disco es más sólida porque en ella habitan himnos generacionales. Basta con escuchar ‘Nos vemos cómodos en este frío’ para querer gritar “Oh, no va a pasar el tiempo en vano” tras el término de una relación.

Hay dos tracks destacables en esta placa: ‘José de los Rayos’, una exquisita pieza que se desmarca del resto al poseer un patrón de chicha peruana y salsa, y ‘Las palmeras’, donde Campusano se refiere a las antenas de celulares disfrazadas de palmeras que sueñan con ser plantas reales.

En Nonato Coo se respira ese ímpetu de la juventud de cambiar el mundo o hacer las cosas de otra manera, al menos. Es porfiado, como el primer amor.

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