Mùsica de Color

Soldado – La histórica ciudad que soñamos

por Tilo Nurmi Comenta

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En Fando y Lis, película de Alejandro Jodorowsky, una pareja emprende un extraño y simbólico viaje hacia una ciudad llamada Tar, representación terrenal de paz y alegría, una verdadera ciudad de ensueño. El filme que en su momento no estuvo exento de polémicas, hoy es considerado un objeto de culto.

En Santiago de Chile, lejos de cualquier controversia, el trío Soldado inició el año 2004 (momento de su formación) un viaje propio, una travesía que ha llegado finalmente a puerto, arribando en La histórica ciudad que soñamos, álbum debut que tal vez represente —¿por qué no?— su propia versión de Tar.

Según la autodefinición del conjunto, se trata de un “trío de rock chileno que suena como banda”, y la verdad es que tal declaración hace total justicia a las diez canciones que forman esta placa. El grupo posee esa cohesión que sólo se logra con el paso de los años, siendo dueños de un sonido fresco y sugerente en el que destacan principalmente los arreglos de guitarra.

La histórica ciudad que soñamos fija su domicilio en el rock, ese rock de estadio que recuerda a bandas como Oasis y The Who, a quienes Soldado cita dentro de sus influencias, y con guiños bastante evidentes, como los fraseos de su vocalista al mejor estilo Liam Gallagher.

“Copias, pero copias mal y crees que no encontrarás a nadie que te diga lo contrario”. Con esas palabras comienza el disco, mientras de fondo es posible reconocer el característico riff de Tame Impala para la canción “Elephant” del álbum Lonerism. Ahora bien, si seguimos el curso de la canción poniendo especial atención a la letra, este puntapié inicial resulta ser un verdadero bombazo con altas dosis de ironía y acidez, enmarcadas en una contundente ejecución instrumental. Y esta es más menos la fórmula del grupo, como simbólicamente expresa el arte de su portada: un collage que suma una serie de elementos conocidos para revelarnos una obra completamente nueva.

Lo que oímos en las siguientes nueve canciones es una muestra de gran versatilidad, con arreglos perfectamente trabajados y una preocupación especial por las letras. Ningún elemento va por encima del otro. Y si bien la voz de Undurraga no es todo lo pulcra que uno podría esperar, se ajusta bastante bien a la estructura de las canciones, sin zozobrar en una exigencia forzada o mayor. Y menciono lo de la voz porque creo que se trata de un elemento con el que un auditor exigente podría no comulgar.

Con cortes como ”Incendio” y “Nadie más que tú” la banda muestra su rostro más amable, con un rock reposado de gran interpretación emocional. Mientras, en la vereda opuesta, “URS 877″ palidece dentro del repertorio, con una letra que peca de cierta ingenuidad, convirtiéndose en el track prescindible del álbum. Sin embargo, la ruta se enmienda  con “Pequeños espacios” y “Todo es nada“. La primera es una canción de estilo directo y convencional; y la segunda, es una composición de tono intimista y oscuro, un track bisagra que cambia el clima de la placa, brindándole esa frescura necesaria que requieren los discos para respirar, ese claro-oscuro que se sostiene en canciones luminosas como ”Escápate” y se contrasta con cortes como el ya mencionado Todo es nada o la hipnótica Fiesta y Final, que junto a “Nunca es tarde” podrían considerarse los himnos que en una banda que abraza el rock de estadio no pueden faltar.

Aquí hay una propuesta musical de buen augurio. Si este es el debut, hago fila desde ya para oír su próximo trabajo.

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