Mùsica de Color

Velódromo – Velódromo EP

por Nicolás Cortés Comenta

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Hubo un momento, en la música popular, en que un conjunto de exploradores se desvió del camino y a punta de machetazos labró una nueva vía que circundaba el sonido y el ruido a distancias equivalentes, que no miraba hacia adelante en busca de un destino, sino más bien hacia dentro. ¿A dónde llevaba esta nueva vía?

Ese momento, ese sonido y la corriente en la que derivó fue peyorativamente bautizado por la prensa de la época como “shoegazing”, una palabra que trataba de hacer mofa de músicos que se preocupaban más de los pedales de efectos que del público que se acercaba a oírlos con curiosidad. Sin entender, tal vez, que está falta de contacto visual era lo que realmente demandaba esta nueva propuesta, caminar sin saber a ciencia cierta hacia dónde.

El tiempo transcurrió y la fijación con el revisionismo precipitó que esa visión sónica fuera relevada. Hoy, en muchos rincones del planeta, un puñado de bandas se instala ante estas curvas con la naturalidad y comodidad que solo el coraje juvenil permite. Los santiaguinos Velódromo son de aquellos.

Con tan solo un homónimo EP ya trazan su identidad y se atreven a dar sus primeras sugerencias y osadías.  Cuatro temas componen este trabajo, el primero de ellos “Atila” es quizás el más “tradicional” del género, pero que en todo caso se acerca más a lo propuesto por Swervedriver o Ride, que a lo instaurado por el referente obligatorio de My Bloody Valentine.  Ves, quién rasga mi piel /Amarra mis pies /Deforma mi fe” es la estrofa que abre la lírica y que marcará pauta de textos recitados que siempre dan la sensación de diálogo unipersonal, franco y a la vez duro.

Le sigue “Gémini”, un tema que si bien se expande por sonidos similares se atreve bastante más en su estructura y en su blanda melodía, en donde la intensidad característica es domesticada por el particular tono neutro de la voz de la bajista Bárbara BPD quien susurra observaciones y demandas. Quizás el tema con mayor vocación pop de la agrupación.

El EP da un giro en los otros dos temas que lo componen. Tanto “Quisiste Ver” como “Catedral” se desprenden levemente (y sin nunca abandonarlo del todo) del denso ruidismo y del ritmo galopante para tocar fibras más cercanas a la eléctronica, el dream pop y el trip-hop. Es interesante esta diferencia de intensidades la que da motivos para esperar una gama más vasta de sonidos en trabajos futuros. En “Catedral”, por ejemplo, la voz principal es labor del guitarrista Sebastián Gaete y, si bien no tiene grandes matices de diferencias con la voz de Bárbara, también genera expectativas de cómo podrían crecer en conjunto y complemento.

De un tiempo a esta parte el interés por retomar lo que el “shoegaze” descubrió ha calado fuerte en Chile con bandas como Trementina, Chicago Toys o Adelaida. Velódromo se les une con un trabajo promisorio, fresco y que no evade esas preguntas que dejaron dando bote aquellos aventureros sónicos de principio de los noventa.

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